Con las temperaturas ya en máximos estivales y más de 39.000 hectáreas calcinadas en España en lo que va de 2026, casi tres veces más que en el mismo periodo del año anterior, según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS, por sus siglas en inglés), la Asociación Española de Fabricantes de Estufas, Chimeneas y Cocinas para Combustibles Sólidos (AEFECC) reclama un cambio de enfoque urgente: la prevención real de los incendios forestales no se gana en agosto con hidroaviones, sino desde enero gestionando activamente el monte. Y la bioenergía, convertir la biomasa forestal acumulada en calefacción renovable, es la herramienta que puede hacer esa prevención económicamente viable.
¿Qué hemos aprendido de 2025?
2025 dejó una cicatriz que no se ha cerrado: según EFFIS y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), el año cerró con 393.079 hectáreas quemadas (el peor dato desde 1994) y 350 incendios registrados, representando el 38% de todo lo quemado en la Unión Europea ese año. Solo en las dos semanas entre el 6 y el 19 de agosto de 2025, EFFIS contabilizó más de 322.000 hectáreas destruidas en España. El fuego, como han advertido repetidamente los técnicos forestales, no se ha vuelto más frecuente: se ha vuelto exponencialmente más agresivo.
La causa no es exclusivamente climática. Detrás de la virulencia creciente hay décadas de abandono rural y de falta de gestión activa que han dejado los montes cubiertos de una capa densa de vegetación seca. El Instituto de la Ingeniería de España lo cuantifica con precisión: en España, los aprovechamientos forestales madereros rondan el 40% del crecimiento anual de las masas forestales. El 60% restante se acumula en el monte año tras año. Esa materia orgánica es, ante una ola de calor o una tormenta seca, combustible puro.
46 millones de metros cúbicos: el problema y la solución están en el mismo lugar
Cada año, la biomasa forestal en España crece en 46 millones de metros cúbicos, de los cuales solo se aprovecha aproximadamente el 40%, muy por debajo de la media europea del 61%. La paradoja es evidente: mientras el sector energético busca fuentes renovables para sustituir el gas natural y el gasóleo en la calefacción de edificios e industrias, los montes españoles acumulan una cantidad ingente de biomasa que, lejos de ser un activo, se convierte cada verano en un riesgo letal.
AEFECC defiende que esa paradoja tiene solución: cuando se realizan podas, claras o tratamientos selvícolas preventivos, la leña y los restos vegetales resultantes pueden recogerse y transformarse en astilla o pellet para alimentar calderas de biomasa. El monte queda más limpio. Los municipios, sus edificios y sus industrias, más calientes con energía renovable. Y la factura energética, más baja.
«No tiene sentido que España importe combustibles fósiles para calentar sus edificios mientras acumula en sus montes millones de metros cúbicos de biomasa que terminan ardiendo de forma incontrolada cada verano. Es un doble fracaso: energético y ambiental. Y tiene una solución que ya funciona: gestión forestal activa y calderas, estufas y chimeneas de biomasa.» señala el presidente de AEFECC, Carlos Oliván.
5 medidas concretas
AEFECC quiere trasladar a las administraciones públicas, estatal, autonómica y local, las siguientes indicaciones:
1. Integrar la gestión forestal preventiva en los planes de transición energética, vinculando explícitamente los tratamientos selvícolas (claras, podas, desbroces) al suministro de biomasa para instalaciones térmicas locales.
2. Incrementar la inversión pública en prevención frente a la destinada a extinción, recuperando usos tradicionales del medio rural, como la ganadería extensiva como herramientas de control de la vegetación.
3. Agilizar los trámites administrativos para el aprovechamiento de restos forestales procedentes de trabajos de prevención, eliminando las barreras burocráticas que hoy dificultan su valorización energética.
4. Ampliar el programa Renored y convocatorias similares para acelerar la implantación de elementos de energía y calefacción que utilizan biomasa forestal certificada, especialmente en municipios rurales próximos a masas boscosas.
5. Mantener un IVA reducido para los biocombustibles sólidos de origen forestal (leña, pellet, astillas) que incentive la sustitución de combustibles fósiles en hogares e industrias, generando la demanda que hace viables los tratamientos preventivos del monte.
«Cada verano repetimos el mismo ciclo: indignación, medios escasos para luchar contra los incendios y declaraciones de intenciones. El ciclo solo se rompe si conectamos la política forestal con la política energética. El bosque que se gestiona en invierno es el bosque que no arde en agosto. Y las calderas, estufas y chimeneas de biomasa hacen posible esa gestión. Tenemos la solución delante, y los asociados de AEFECC llevan años demostrando que funciona», señala la asociación.

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